Cine e Historia: 1898. Los últimos de Filipinas


Acaba de estrenarse en las salas de cine la película, 1898. LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS, que trata sobre un hecho histórico famoso referido a la pérdida de las colonias españolas, que es la resistencia durante 337 días, hasta el 2 de junio de 1899 de un destacamento de 50 soldados en la iglesia del pueblo de Baler, perteneciente a la isla de Luzón. Una película que nos sirve de ambientación al estudio de los contenidos en la asignatura de Historia de España. El 15 de febrero se habían iniciado las hostilidades entre EEUU, una gran potencia militar y económica al alza en aquellos tiempos, y España, que luchaba por mantener los pocos territorios coloniales que le quedaban. El desencadenante fue el hundimiento del Maine en Cuba.



EEUU tenía como objetivo hacerse con los territorios de Cuba y Filipinas. Para ello apoyaba a los movimientos independentistas con armas y financiación. La guerra contra España fue el último paso para apropiarse de ellos, que se ponía fin en el Tratado de París de diciembre de 1898, en el cual nuestro país cedía la soberanía de Filipinas a la potencia americana. Sin embargo, el destacamento de Baler no se  creía, a pesar de las noticias que les informaban, que la guerra había terminado. Los periódicos que les proporcionaban los revolucionarios filipinos para su rendición no les doblegaron su voluntad de resistir con el pretexto de que deberían recibir una confirmación oficial. De esta manera pasaba el tiempo y un grupo de soldados perecieron por falta de alimentación y enfermedad.



La película cuenta el hecho cierto que las autoridades españolas mandaron en mayo de 1899, al teniente coronel Aguilar para que depusieran las armas. Les llevó para ello un documento oficial y unos periódicos. Al principio siguieron desconfiando, pero descubrieron una noticia que era imposible que fuese falsificada para engañarles. De esta manera, los sitiados se rindieron y las autoridades filipinas les permitieron regresar con honores a Manila y luego a España. De aquellos soldados, solamente el teniente que mandaba el grupo superviviente, fue condecorado, cuando el resto del destacamento mostró igual valor, causando numerosas bajas a los filipinos.



La película tiene un punto de vista contemporáneo sobre aquellos hechos históricos. Como subraya el propio director de la misma, Salvador Calvo, no es una película bélica ni habla de la gloria de España, al contrario llama a la reflexión. Desde este punto de vista se critica que los soldados del destacamento pertenecían a las clases más modestas de la sociedad, aquellos que no pudieron pagar para no ir a la guerra. La mayoría no sabían ni disparar y no estaban bien equipados. Se encontraban sometidos a unos jefes militares cuyo comportamiento no seguía pautas racionales, si aquellas que se encontraban en unos reglamentos que no cumplian. Estaban movidos por una idea trasnochada del propio país que había dejado de ser una gran potencia en aquellos años. Se les muestra ávidos de medallas y de gloria personal a costa de la vida de los subordinados, o de aquellos que les hacen ver la realidad.

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