La sensibilidad romántica

El mar de hielo (El naufragio del Esperanza), C.D. Friedrich, 1823-24
La derrota de los ejércitos franceses al mando de Napoleón en la batalla de Waterloo supuso un freno a las nuevas ideas proclamadas por la Revolución Francesa. Las potencias occidentales intentaron imponer los antiguos regímenes absolutistas a la vez que se reorganizaba el mapa político europeo en el Congreso de Viena. Sin embargo, este fenómeno histórico denominado la Restauración, esta vuelta al pasado, iba a durar poco tiempo y una serie de tres oleadas revolucionarias, instaurarían el liberalismo político en el continente, o sentarían las bases de él. Por otra parte, los deseos de independencia de los pueblos subyugados por otras naciones o aquellos separados desde la Edad Media, desean poder unirse en un estado diferente caracterizado por la misma lengua y cultura.
En este tiempo agitado de comienzos de la época contemporánea donde se mira al pasado y se sientan las bases del futuro, se desarrolla el movimiento cultural del Romanticismo en el que participan las artes plásticas. Los pintores se dejan atrapar por la nueva sensibilidad y expresan los deseos de libertad individual a través de la emoción, los sentimientos y la capacidad expresiva, y rechazan el sometimiento a las normas. Frente al ideal universal del Neoclasicismo, se prefiere ahora lo distinto, lo pintoresco, donde el artista es un genio solitario e incomprendido. De esta manera se desarrolla el orientalismo, el costumbrismo, el interés por la Edad Media y por la naturaleza, representando paisajes sometidos a fenómenos naturales dramáticos, como tempestades o aludes, o aquellos que expresan un mundo sobrehumano o la nostalgia de las labores tradicionales el campo.

Detalle del naufragio del barco
En este sentido habría que analizar la obra titulada, El mar de hielo, pintada en 1823 por el paisajista alemán, Caspar David Friedrich ( 1774-1840), elegida entre las presentadas en clase por los alumnos de 4º de ESO como las más atractiva. Una obra que contiene las características de su estilo romántico. Un extraordinario paisaje formado por grandes bloques de hielo fragmentado, unos en primer plano entre los que se encuentra un barco medio hundido, y otros que se pierden en el horizonte de proporciones colosales.  Componen una imagen pictórica que refleja la concepción simbólica y mística de la Naturaleza que tenía el autor, que enlaza a su vez con la idea de lo sublime propio de esta sensibilidad. Emplea la metáfora de que el ser humano queda disuelto en el todo cósmico de creación divina, y el propio arte pictórico es el intermediario entre los dos términos, el individuo y la Naturaleza.

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