El liberalismo político

Constitución de Cadiz,1812
El sistema político de la Edad Contemporánea que empezamos a estudiar en la asignatura de 4º de ESO se fundamenta en el liberalismo, ideología formulada por importantes ilustrados como Montesquieu y Rousseau, que partieron de las ideas enunciadas por el británico, John Locke, a finales del siglo XVII. Se elabora frente al absolutismo de los reyes y la sociedad aristocrática del privilegio, que impedía el acceso al poder a la pujante burguesía, líder de los cambios económicos y de la necesidad de transformar radicalmente los estados modernos. Una serie de revoluciones políticas dirigidas por esta clase social darán paso al mundo que todavía vivimos.
Para el liberalismo, el individuo es primordial, que ejerce una serie de derechos entre los que se encuentra la igualdad ante la ley y la propiedad, así como, las libertades de expresión, de pensamiento, reunión, etc., en el marco de un estado de derecho, que los garantiza y protege. El poder no reside ya en la autoridad de rey, sino en la nación, en el conjunto de ciudadanos, la llamada soberanía nacional, la cual se expresa en el parlamento, el poder legislativo, uno de los poderes del estado junto al ejecutivo en manos del gobierno o el judicial, a cargo de los tribunales. Se constituye de esta manera una división de poderes, esencial para preservar la libertad. El acuerdo legal que establecerán los ciudadanos de un país y que regirá la vida política, social y económica se reflejará en un documento denominado constitución.
Este liberalismo fue revolucionario en el comienzo de nuestra época para que se suprimieran los antiguos privilegios de estamento y se diera paso a unos regímenes más abiertos política e ideológicamente. En él se asienta la democracia representativa de hoy, la aspiración de todos los ciudadanos, sea de cualquier condición, para tomar parte en las decisiones, que determinan su vida.

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